Gestión de momentos difíciles

Cómo gestionar sesiones o momentos emocionalmente difíciles: la técnica que uso antes de cada consulta

Como psicóloga, hay sesiones que sé que van a ser duras antes de empezar. Te cuento cómo me preparo y cómo aplicar esta técnica a cualquier situación difícil de tu día a día.


Saber cómo gestionar momentos difíciles antes de que ocurran cambia mucho su desenlace. Una reunión complicada, una conversación pendiente, una cita médica. Como psicóloga, esto también me pasa con algunas sesiones: sé de antemano que vamos a tocar algo que va a remover mucho, tanto a la persona que tengo delante como a mí.

Con los años he aprendido que no se trata de evitar esa dificultad, sino de prepararme para atravesarla bien. Esto es lo que hago yo, y cómo puedes adaptarlo a cualquier situación que sepas que te va a costar.

Por qué es tan difícil entrar «en frío» a un momento complicado

Cuando llegamos a una situación difícil arrastrando el resto del día —el tráfico, un mensaje que nos ha afectado, las prisas— entramos con menos capacidad de gestión de la que tendríamos si llegáramos centrados. No es que la situación sea más difícil objetivamente: es que nosotros llegamos con menos recursos disponibles.

Cómo gestionar momentos difíciles antes de una sesión: mi pausa de transición

Antes de esas sesiones que sé que van a ser duras, necesito unos minutos a solas. No es preparación técnica —eso ya lo tengo hecho de antemano—, es más bien un proceso de tres pasos:

Primero, dejo fuera lo que traigo yo del resto del día. Segundo, reviso brevemente dónde nos quedamos la última vez, para no perder el hilo del proceso. Y tercero, me recuerdo el objetivo real de la sesión: no arreglar nada, solo acompañar bien.

Depende del día, esto se traduce en distintas cosas: a veces es simplemente respirar hondo antes de abrir la puerta; otras, releer unas notas; casi siempre, bajar el ritmo un momento antes de empezar.

La diferencia entre estrés puntual y estar siempre «en modo difícil»

Una cosa es tener una situación puntual que sabes que te va a costar, y otra muy distinta es vivir con la sensación de que todo, constantemente, es difícil de afrontar. La primera se gestiona con pausas y técnicas puntuales, como las que comparto aquí. La segunda suele necesitar mirar qué está pasando de fondo, algo muy relacionado con lo que ocurre cuando se acumulan disparadores emocionales sin margen entre uno y otro — y ahí, unos minutos de respiración antes de «entrar» ya no son suficientes.

Cómo gestionar momentos difíciles en tu día a día

No hace falta ser terapeuta para usar esta misma lógica antes de un momento que sabes que te va a costar:

  • Antes de esa conversación difícil, tómate literalmente dos minutos a solas antes de empezarla.
  • Pregúntate qué traes tú de antes que no tiene nada que ver con lo que vas a afrontar ahora, y trata de dejarlo a un lado conscientemente.
  • Define para ti mismo qué es «salir bien» de esa situación — no siempre significa que salga perfecto, a veces significa solo haberla afrontado.

Ejemplos según el tipo de situación

  • Antes de una reunión de trabajo tensa: dos minutos fuera de la sala, sin móvil, solo respirando.
  • Antes de una conversación familiar delicada —las comidas o cenas navideñas son el ejemplo más típico— preguntarte qué necesitas tú (no solo qué necesita la otra persona) antes de empezar.
  • Antes de una cita médica con resultados inciertos: permitirte sentir la anticipación en vez de distraerte de ella hasta el último momento.

Cuándo esta técnica no es suficiente

Estas pausas ayudan a gestionar momentos puntuales de dificultad. Pero si sientes que la mayoría de tus días están hechos de «momentos difíciles» seguidos, sin apenas margen entre uno y otro, puede ser una señal de que conviene hablarlo con alguien — no porque algo vaya mal, sino porque merece la pena tener ese espacio.

Preguntas frecuentes

¿Esta técnica sirve para la ansiedad anticipatoria?
Ayuda a gestionar momentos puntuales de anticipación, pero si la ansiedad anticipatoria aparece de forma recurrente ante muchas situaciones distintas, es importante acompañarla sin invalidarla y valorarlo con un profesional.

¿Cuánto tiempo hay que dedicarle a la pausa?
No hay una cifra fija. Lo importante no es la duración, es la intención: dedicar ese tiempo, sea el que sea, a soltar lo anterior antes de entrar en lo siguiente.


Escrito por Gloria G., psicóloga General Sanitaria. 08 de septiembre de 2026

hola@psicologiagm.com

También puede interesarte...

¿Recaídas? Impulso para levantarse

Tolerancia a la frustración en etapa infantojuvenil.

Ventana de tolerancia emocional

Esta web utiliza cookies propias para su correcto funcionamiento. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad